jueves 12 de abril de 2007

La Confesión. Primeros apuntes.

Algunos estudios de Jacques Derrida –la Circonfesión, para ser precisos- señalan a la práctica sacramental católica de la confesión de los pecados como el punto de origen del género confesional. Los miembros de la Iglesia primitiva –la Iglesia previa al siglo IV- entendían la confesión como una práctica comunitaria, que se realizaba públicamente ante los miembros de la comunidad de creyentes, fundando así, también, una comunidad cimentada en la palabra compartida. En cierto sentido, se trata de una comunidad lingüística, una comunidad gramatical –una reedición, una actualización del hecho fundacional del cristianismo: una palabra hecha carne-. Esta práctica sacramental, aparentemente, funda –de acuerdo al análisis de Derrida- el género autobiográfico y, por ello, entrega al autor la necesidad de girar en torno a sí mismo, a su historia particular, a sus circunstancias, y, anexa a esta necesidad, la obligación de hallar algo que decir (la necesidad de hacerse responsable, es decir, capaz de dar una respuesta) para levantar el texto. Así, las Confesiones de San Agustín de Hipona son la referencia obligada –más aún, la referencia primera- de toda la tradición autobiográfica, incluidas también las Confesiones de Rousseau (que abarcan dos tomos completos, en algunas ediciones, en los que abundan los detalles más mínimos, más íntimos, más personales e incluso escandalosos), algunos de los ensayos de Montaigne, y las Scivias de Hildegard Von Bingen, por nombrar sólo cuatro lugares clásicos del género.

La confesión, cita Derrida a Agustín, es una declaración escrita cuya finalidad no es, en primera instancia, como podría suponerse, ni decir la verdad ni tampoco acercarse al conocimiento divino –dado el caso de que Dios es omnisciente ¿para qué confesarse ante él si ya lo sabe todo de antemano?- sino que, por sorprendente que parezca en un primer momento, la declaración escrita no se hace para decir al otro la verdad completa sobre sí mismo. El proceso de verbalización-confesión permanente no convierte necesariamente en pecaminoso aquello que no se exprese.Por el contrario, el acto de escribir –y el oficio introspectivo que implica- consiste en un producir la verdad, esa verdad que se declara y que se construye en el mismo hecho de escribir, en tanto es el nombrar –el semantizar al mundo, el darle sentido íntimo a los sucesos, el dar contenido simbólico a las cosas y los objetos- lo que hace aparecer el mundo ante los ojos. Los propios y los del lector. Precisamente por ello, y sobre todo a partir del romanticismo decimonónico, la poesía se piensa siempre como un género confesional, como espacio autobiográfico, provocando una identificación del sujeto textual –el yo poético, el yo escrito- con el poeta.

2 comentarios:

sSs dijo...

Hmmm...
¿Escribió esto un poeta?

El texto parece excusar a los poetas de la confesión tal cual es considerada por la iglesia. Sería interesante ver el punto de vista de los funcionarios católicos sobre esta opinión (aunque estoy más que segura que ya deben existir, sólo que no estoy al tanto).

De igual modo, sería interesante que esta información llegara a alguno de esos pre-adolescentes a veces obligados a asistir a sus talleres de Primera Comunión. "No mamá... Hoy no iré a Confesarme. He decidido escribir poesía. Es lo mismo. Lo leí en un blog de internet". ¡Es la excusa perfecta! ¿Por qué no existían los blogs cuando hice la Primera Comunión?

Ahora, consideranto todo esto: ¿Podríamos entonces afirmar que un poeta no es más que un "disidente confesionario"? Tal vez la poesía sea simplemente eso: la excusa creada para ahorrarse una caminata dominical o un "Ave María Purísima".

Quizás la poesía es la revelación del ser humano ante la autoridad eclesiástica:
DIÁLOGO DE UN POETA -- "Ah sí?! Pues si te enteras tú, entonces que se entere todo el mundo!!! Lo pondré en un libro! Lo pondré en un periódico! Y para hacerlo más entretenido, lo pondré en lenguaje entrecortado, entre líneas, entre palabras inexistentes que sólo el diccionario sabe que significan! JA JA JA JA JA. No sabrás mis secretos tan fácil cura inepto!".

Quizás...
¿Alguien conoce a algún poeta que se confiese para acabar con esta teoría? Este mundo de la poesía a veces necesita método científico para hacerlo temblar un poco. Claro, sé que es breve. Sé que la poesía y el alma son fuertes y vuelven de nuevo a ponerse en pie. Pero como me divierto con esos temblores.

Poetas confesionales ¡Háganse oir!

sSs

Gheller & Esparza, publishers. dijo...

San Juan de la Cruz se confesaba. Ahora, ¿es la poesía de Juan de la Cruz confesional? Yo no me atrevería a dar ni una respuesta frontal ni a dar la espalda a esta cuestión. Mi respuesta, de todos modos, dada de perfil, sería un sí, aunque no se trate de una confesión propiamente dicha. Sin embargo, el "entréme donde no supe y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo" es, de hecho, autobiográfico. Habría que revisar, de todos modos, las biografías de poetas más contemporáneos y no tan explícitamente religiosos -el caso de un T.S. Eliot sería particularmente interesante de ver- para dar con nuevas luces, quizá. Vaya usted a confesarse y luego coloque un post con un poema suyo, contándonos de sus pecados más escandalosos. Le agradecemos de antemano.